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El 13 de Junio de 1799, los
"sanfedistas" del Cardenal Fabrizio Ruffo,
que se dirigían de Calabria hacia la Capital para
reconquistar el trono para los Borbones, llegaron a
las puertas de la ciudad.
En el puente de La Magdalena, en las cercanías de los
Graneros, eran esperados por los soldados republicanos del
General Wirtz. Algo mas lejos, en el fuerte de Vigliena,
se habían atrincherado 150 milicianos de la así
llamada
"Legione Calabra", que enarbolaban una
bandera negra con la leyenda "Vencer o Morir".
Eran comandados por Antonio
Toscani, un sacerdote de Corigliano Calabro
que había abrazado con notable coraje la idea
republicana y libertaria; entre ellos había personas
con fuertes motivaciones éticas y morales, pero
ciertamente, no dotadas con gran pericia ni
experiencia militar.
Las milicias del Cardenal, en cambio, reunían la
crema de la delincuencia calabresa, tomadas de las
galeras y azuzadas, con una solapada propaganda. a matar y a
saquear.
Se había instrumentado, con fines políticos, todo:
fe religiosa, leatad monárquica, miedo por los
acontecimientos revolucionarios, sed de sangre y de
botín, odio de clases.
Se enfrentaron, por lo tanto, conciudadanos, pero de
orígenes muy diversos; los respectivos jefes,
además, representaban dos mundos opuestos: el
Cardenal y el conservadurismo y el sacerdote y la
liberación.
Los "sanfedistas" asaltaron el fuerte. El
encuentro, encarnizado y cruento, no podía terminar bien para los
defensores, por la diferencia de fuerzas en el campo
de batalla. Pero ellos, determinados a no caer en las
manos de tales
"paisanos", al fin de la batalla prefirieron
hacer saltar el polvorín, enterrando un buen numero
de vencedores y vencidos.
El autor material del gesto fue, casi con
seguridad, el mismo
Antonio Toscani,
pero algun cronista cita tambien los nombres de otros
dos defensores: Martelli y Pontari.
El episodio pronto fue objeto de una puntual obra de
denigración y demolición por parte de los cronistas
borbónicos, que sostenían la casualidad del
estallido, causado por la impericia y proximidad:
luego no se trataba de heroes sino de aficionados en
peligro.
En cambio Pietro Colletta narra los acontecimientos de
la siguiente manera:
"Los Rusos atacaron Vigliena, pero por la gran
resistencia, que encontraron, hizo falta demoler los
muros con batería
continua de cañones, entonces Rusos, Turcos,
Borbonicos, entraron al fuerte a combatir con armas
cortas, sufriendo, impedidos y estrechos por el
elevado número, las ofensas del enemigo y de sus
compañeros. Muchos de los legionarios calabreses
fueron muertos, otros heridos, sin ganas de seguir
viviendo; así que el cura Toscani
de
Cosenza, jefe del presidio, teniendose en pie a
duras penas y muy herido, se aproximó al polvorín, e
invocando a Dios y a la Libertad, echa fuego a la
polvora, y en un instante con un estallido terrible
mueren cuantos se encontraban dentro de los muros,
sepultados por la ruinas o lanzados al aire,
aplastados por las piedras: enemigos, amigos, horriblemente
consortes".
En la época de Carlos de Borbón, en el 1742, fueron
llevados a cabo, por consejo del Ing. Bardet, notables
trabajos de restauración y consolidación conducidos
por los ingenieros Francisco Lopez Vario y
Francisco Rosso.
Casi cien años despues de la explosión, el 8 de
Diciembre de 1891, el Honorable Imbriani y otros
diputados del Parlamento propusieron declarar el
fuerte, monumento nacional, en recuerdo del episodio: Villari,
Ministro de Instrucción Pública, se asoció en nombre del
Gobierno.
Pero la cosa se esfumó rapidamente, puesto que
los restos del fuerte fueron usados como polígono de
tiro, con adaptaciones que aumentaron los daños, más
que los causados al histórico edificio por el
estallido de 1799.
La
construcción del fuerte:
Sobre los orígenes del fuerte de Vigliena se
formularon un sinnumero de hipótesis, francamente poco
convincentes.
Hacia fines del siglos XIX, el estudioso
Francesco Pometti encuentra en el Gran Archivo de
Napoles las cédulas de tesorería emitidas para la
construcción, en el año 1706. Saliendo a la
luz los nombres del Ingeniero Filippo Mariniello,
director de trabajos y del arrendador Luise Androsiglie (?),
y tambien del proveedor de municiones Gregorio Minichini. La
realización ocurrió, pues, durante el mandato del
último Virrey español, Juan Manuel Fernandez
Pacheco, Marqués de Villena, evidentemente en el
marco de un último programa de defensa a ultranza de
los
dominios españoles del sur de Italia. Así se explica
el nombre del fuerte.
El fuerte, de forma pentagonal, era en substancia una
batería para la defensa costera, bajo para evitar una
excesiva visibilidad desde el mar: media 6 metros de
altura del lado de la playa y cerca de 5 metros del
lado opuesto; alrededor tenía un foso de 9 metros de
ancho y alto como el edificio, que, por lo tanto,
aparecía como enterrado. Fue dotado con siete grandes
cañones, apuntando hacia el mar y dos pequeñas bocas
de fuego hacia tierra adentro.
La
Iconografia:
- Francesco Irace, Antonio Toscano, monumento
per
Vigliena (escultura). Comune di Napoli.
- Domenico Cimatti, Il forte di Vigliena
(pintura),
Napoli, Museo di San Martino, n.13523.
- Francesco Wenzel, Veduta del forte del Granatello
(pintura), Napoli, Museo di San Martino, n.11107.
- Gaspard Van Wittel, Il forte di Vigliena
(pintura),
Napoli, Società Napoletana di Storia Patria, n.11852.
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